Una dolorosa reconciliación

No recuerdo con certeza cuándo fue la última vez que fui a correr o hice ejercicio de manera formal pero seguro han pasado por lo menos 5 años. Fue hasta antes de que tuviera una lesión en el hombro, cuando jugaba futbol americano, por la que tuve que ser operado.

Luego de ese episodio me volví temeroso y creo que por eso abandone una actividad que desde siempre me ha gustado. De niño y adolescente, siempre estuve en equipos, soccer, basquetbol, americano, incluso el de atletismo en la universidad.


Pero cuando algo se rompe dentro de tu cuerpo, es difícil volver a tomar confianza, recuerdo que recién estaba recuperado, intenté regresar al ejercicio, pero terminaba por desistir, me daba miedo caer y volverme a ‘romper’.


Esta semana retomé por fin el ejercicio, desde hace meses deseaba volver a correr, pero alguna barrera invisible me lo impedia. Cuando regresé a casa y descansaba de ese reencuentro, me sentí como hace mucho no me sentía. Reflexioné la causa y creo que la encontré.


Por fin había vencido ese miedo que fue mi lastre todo este tiempo. Siempre encontraba un pretexto para no acudir a esa cita, no tenía tenis adecuados, no tenía tiempo, debía hacer otras cosas, en fin, nunca me faltó una excusa para evitar el ejercicio.


Ese día por la noche llegué a la conclusión que lo que tuve todo ese tiempo fue un miedo injustificado de fantasmas que me perseguían y estaban relacionados con aquella fractura.


Sin embargo, la carrera cobró su ‘derecho de piso’ pues no podía ser tan sencillo regresar con alguien a quien abandoné tanto tiempo y por ello me hizo sufrir los primeros días, pero no le reprocho y hasta la justifico.


Hoy, ya superé esa etapa de reconciliación y cada día disfruto ir por el parque saludando desconocidos a quienes poco a poco comienzo a identificar. Así como disfruto el tener ese momento que me da la oportunidad de relajarme y reflexionar sobre pendientes de mi vida diaria o de mi trabajo.


No se si la vida vuelva a ‘romperme’, pero la lección ya está aprendida y confío en que la próxima vez me costará menos trabajo volverme a levantar y enfrentar nuevos retos que fortalezcan mi espíritu.


Poco a poco siento que voy recuperando movilidad, reflejos, condición, pero por encima de lo anterior, mi ánimo está al 100 porque mi día lo concluyo con un poco de ejercicio y con ello redondeo cada jornada.

 

 
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