Cómo poner una chapa en tres sencillos pasos

@israolguin


El fin de semana pasado había invitado a un amigo a casa para ver el futbol, tomar un par de cervezas, platicar sobre su nuevo empleo y prestarle unos de libros que me había pedido.


Lo que no calculé es que la chapa de la puerta de mi casa se había estropeado la noche del sábado y ya no pude hacer nada para arreglarla. Afortunadamente hay una protección y con eso ya pude pasar la noche tranquilo, esperando para ir al otro día a comprar una nueva cerradura y cambiarla.


Mi amigo llegó antes de lo esperado, por lo que le pedí que me acompañara a la tienda de herramientas a comprar una nueva pieza. Mientras íbamos en camino me preguntó asombrado si yo la cambiaría a lo que respondí que sí, que seguro encontraría un video en internet para hacerlo.


No me considero un inútil en el tema de las reparaciones caseras, pero definitivamente hay cosas que por mi seguridad y la de mis vecinos no me atrevería hacer, en fin, que esto no implicaba demasiados conocimientos y por eso me atreví.


Todo el tiempo mi amigo mostraba un rostro de duda, e insistía en que mejor esperara a que fuera un cerrajero a cambiarla. Pero además de mi autoconfianza y la falta de liquidez para contratar a una persona, evitaron que recurriera a esa opción.


En casa tengo un kit básico para los imprevistos del hogar y con un par de herramientas extras que había comprado en la tienda estaba listo para reparar la dichosa chapa y además colocar una de seguridad. Antes de cualquier esfuerzo innecesario buscamos un tutorial en video que me ayudara a realizar la tarea, mientras él me insistían en esperar porque al final me iba a salir más caro.


Ignorando los malos augurios de mi invitado le dije que mejor detuviera la puerta mientras destornillaba la cerradura dañada la cual sustituí en no más de 15 minutos. Posteriormente llegó la prueba de fuego, pues debía colocar la chapa de seguridad y eso implicaba hacer dos perforaciones en la puerta.


Con la ayuda del tutorial que reproducía, detenía, retrocedía y volvía a dejar avanzar, pude instalar esa nueva chapa de seguridad sin mayores complicaciones, mientras orondo, le presumía al ‘Profe’, que sólo era cuestión de seguir las instrucciones del video al pié de la letra.


Mi amigo asombrado me dijo que pensó que los periodistas éramos unos completos inútiles, que no podiamos cambiar ni un foco y lo único que sabíamos hacer era criticar todo, estar de chismosos y vivir pegados al teléfono, la computadora y a las redes sociales.


No me sorprendió conocer su opinión respecto a los de mi profesión, incluso me causó gracia porque debo aceptar que sí criticamos y cuestionamos casi todo, y a veces el olfato periodístico nos lleva a meter las narices donde no nos llaman, además de que también nos la pasamos pegados al Twitter y Facebook.


Pero más allá de esos clichés, conozco muchos periodistas que no sólo son ‘metiches’ o adictos al trabajo, conozco gente con muchas más aptitudes fuera de sus redacciones, con una gran trayectoria profesional, pero personalmente aún más valiosos.


La tarde del domingo continuó conforme a lo planeado y tras un breve debate respecto a la muy personal opinión de mi amigo sobre los que ejercemos la labor periodística, no pude convencerle de que nuestra curiosidad aunque pareciera malsana, no en todos los casos lo es y como diría mi editora, tenemos licencia de preguntones y eso debemos aprovecharlo, en todo momento, en beneficio del lector.


Y como no pretendía entablar un debate encaminado hacia ninguna parte mi día de descanso, decidí mejor servir la botana y ver quién sería el rival del América para la final del futbol mexicano. Mi amigo es cruzazulino, así que la reunión se repetirá este domingo y seguramente volveremos a enfrascarnos en un diálogo estéril pues cada uno pretenderá argumentar por qué el ganador de la final mereció serlo, dando paso a la pasión y dejando hablar la víscera.

 

 

 

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